Papá: ¿Qué es injusticia?
La pregunta fue sorpreesiva e inocente, como la de todos los niños a los cinco o seis años. Y no parecía difícil de responder. De hecho, con unos ejemplos directamente relacionados con sus pilutanas y su vida diaria, la cosa parecía resuelta. Bueno de hecho lo fue, hasta cuando pensé en realidad como explicarle las grandes injusticias.
Pensaba como involucrarla en el mundo de injustias de los adultos. Entonces empecé a buscarla manera de explicarle que es injusto que a Pablo Emilio Moncayo, el sargento del ejército secuestrado por las FARC, le hayan robado once años de su vida encerrándolo en el monte, o que no es justo que por la avaricia de unos pocos, en el mundo muchos padres hayan pérdido el empleo y que no puedan darle a niños como ella, lo que merecen y sobre todo lo que necesitan. También trataba de encontrar palabras simples para decirle que tampoco es justo que por la ambición de poder, la plata de los pobres se regale a los ricos o que el odio político de los abuelos aún sea motivo de asesinatos de los nietos.
Todo me parecía difícil, pero a pesar de la dificultad decidí tratar de explicarle una de las grandes injusticas de la humanidad. Le dije que injusticia también era que unos botaran la comida, mientras otros no tenían qué comer. Y creo que entendió más allá de la explicación. Sin mirarme mi hija me dijo
- Papá, eso no es injusto.
- Entonces ¿qué es?, – le pregunté sorprendido y confieso que con cierto miedo a escuchar una respuesta que no quería oír. La respuesta no la esperaba, como no esperaba la pregunta. No era lo que temía, pero tampoco me hubiera gustado escucharla en los labios de una niña de cinco años, y quien, gracias a Dios, tiene todo lo que necesita. Sin mirarme me dijo
- Eso es malo.